Nacho Cervera

Biografía

Llegó un día en que su padre Francisco, el que le había transmitido la pasión por el volante desde bien crío, le dijo: “Dentro de dos meses hacemos una prueba en Madrid con un kart de competición”. Quería que su hijo Nacho Cervera (Barcelona; 1999) hiciera realidad sus sueños, esos que alimentaba frente al televisor cuando veía la eclosión de Fernando Alonso –su ídolo junto a Schumacher, Räikkönen y Hamilton-, también esos que forjaba pegado al mando de la PlayStation destrozando los récords del juego de Fórmula 1. Dicho y hecho.

Se preparó a conciencia Nacho, quemando gomas en el Indoor Karting Barcelona, donde empezó a conocer el mundillo. Y, un poco más adelante, se aficionó al Kartòdrom Catalunya, pista donde conoció al piloto Nil Montserrat, que por entonces conducía un F-3 y que con el tiempo se convirtió en su mentor. “Me ha enseñado muchísimas cosas”, reconoce Nacho. Como el arte de las frenadas en las curvas, siempre con el volante recto; o como en las carreras bajo la lluvia para que no patinen las ruedas. Y no le fue mal porque con apenas nueve años, participó y conquistó el Open RACC de Catalunya. Aunque ni siquiera eso era suficiente para convencer a su madre Teresa, reacia ante la peligrosidad del deporte.

“Pero un día me hice una brecha en el colegio y acordamos que quizá eso era más peligroso…”, bromea Nacho, que siempre ha sido un estudiante de diez. “Más que nada porque en casa me dijeron que si quería seguir pilotando, las notas debían ser buenas”, admite.

Los estudios, en cualquier caso, también le llevan a los coches. Resulta que le chifla la telemetría. Una revelación que descubrió cuando apenas alzaba metro y medio, cuando se metía en el box de Nil y miraba trabajar a los ingenieros. “La telemetría es fundamental para mejorar en dos décimas que te pueden hacer estar delante”, resuelve Nacho; “y si tienes más de un coche, se pueden cruzar los datos para ver dónde se frena y se pierde tiempo… En una hoja tienes todo lo referente al comportamiento del coche”. Por eso está decidido a estudiar Industriales en la UPC y hacer un máster en mecánica o automoción. “Así podre aplicar los conocimientos en los karts. Ayudare a los pequeños cuando empiecen porque este trabajo les puede ayudar mucho a saber cómo se mueve y qué comportamiento tiene el kart, además de que les vendrá de maravilla para dar el salto futuro a los coches”.

Pero, desde luego, seguirá con un volante entre las manos. “Después de volver tras un tiempo parado, quiero participar en el Campeonato de España y demostrarme que puedo estar entre los 10 primeros”, reflexiona. Aunque también mira de reojo la posibilidad de hacer un test con el equipo de turismos de Nil Montserrat, NM Racing Team. Porque eso es Nacho, un piloto desde la cuna.

El test de Nacho

¿Cómo te preparas para las carreras?

El día antes, viendo dónde estoy en la clasificación, visualizo cómo voy a llegar a la primera curva y cómo voy a hacer la primera vuelta. Es clave aguantar, no perder la posición y, desde la segunda o tercera vuelta, ir a por todas.

¿Cuál ha sido tu mejor momento?

Quizá en mi primer campeonato de España. La primera tanda la hice muy mal; pero en la segunda, saliendo el último, remonté hasta el sexto lugar antes de tener un pequeño accidente. Estuvo muy bien porque aprendí muchísimo y vi que tenía el nivel.

¿Eres supersticioso?

No, nada.

¿Cómo te definirías como piloto?

Soy de los que si tienen la opción de pasar, no me lo pienso. Pero siempre con prudencia porque nunca he tenido un accidente por ir demasiado lanzado o por hacer algo imposible.

 

¿Te gustan otros deportes fuera del motor?

La mayoría. Fútbol, NBA, ciclismo, todos los Juegos Olímpicos… ¡y sobre todo el Barça!

¿Color y número favorito?

El azul y el 6 por Andrés Iniesta.

¿Qué música te gusta?

No soy mucho de música… ni siquiera antes de las carreras.

¿Qué te gusta ver en la televisión?

Las series como Big Bang Theory. Y jugar al FIFA en la PlayStation.

¿Cuál es tu plato favorito?

Mmmm… Los spaghettis cuatro quesos.

¿Tienes mascota?

Sí, un chihuahua que se llama Chiqui.